¡Menudo descubrimiento el de la Novela Romántica!


No podría decir con exactitud cúando comenzó a desarrollarse mi pasión por la lectura y la escritura, posiblemente a medida que iba aprendiendo la cartilla en el parbulario. Durante mi infancia solía inventar historias de lo más entretenidas, al menos a mí me lo parecían, pero no comencé a pasarlas a papel hasta que llegué a la adolescencia y decidí darles más color a las imagenes que tenía en mi cabeza trasladándolas a la forma escrita.
Durante años dediqué mis horas muertas a escribir escenas sueltas, sin principio ni final, sin diferenciar del todo a los protagonistas, antagonistas y personajes secundarios. Eran escenas que escribía para pasar el rato, cuando las terminaba las tiraba a la papelera o bien las guardaba en algún cajón y me olvidaba de ellas. Con el tiempo, esas escenas olvidadas volvieron a caer en mis manos y me di cuenta de que también deberían de haberlas tirado en el cubo de reciclaje.
Fue durante mis estudios de bachillerato que comencé a escribir mi primer “intento” de novela, porque nunca conseguí terminarla. Me desespera decir en voz alta que hasta ahora, todas mis novelas se han quedado en eso, en “intentos”.
Siempre me gustó leer y escribir de todo, me gustaban todos los géneros excepto el romántico. Las novelas románticas siempre me parecieron demasiado empalagosas, mostraban un amor tan idílico que a veces rozaba lo vomitivo. Claro que sólo había leído los viejos y arrugados “harlequines” de mi abuela. Novelas donde los protagonistas se conocen de madrugada, se acuestan despues de la comida y se casan justo antes de la cena. Para mí aquellas historias mostraban historias tan irreales que no se las creían ni las mujeres que las escribían. Así que cuando iba a las librerías no miraba ni de reojo la “sección rosa”. Incluso el término me parece ridículo.
Por suerte durante mi primer año de universidad, Clara y Noelia, buenas compañeras y mejores amigas a pesar de la distancia, me mostraron un concepto muy diferente al que yo tenía sobre las novelas románticas. Había ignorado demasiado el género como para haber reparado en el gran número de posibilidades que ofrecía. Podía elegir entre novela romántica histórica, contemporanea, erótica, paranormal, chick-lit... Cuando comprendí que se podía jugar con espías, piratas, vampiros o hasta fantasmas, mi concepto de novela romántica pasó de “relación amorosa pastelera y rollera” a “historia de amor que posiblemente incluya misterio, humor, acción y/o una fuerte carga erótica... entre muchas otras cosas”.

2 comentarios:



Alma dijo...

Muy interesante tu biografia Diane ;)

Diane dijo...

Gracias Alma. Yo también te sigo y te enlazo. Besos.

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